Capitulo 1
Un temblor recorrió el cuerpo de Jonathan cuando cruzó la puerta principal de su nuevo instituto. Un colegio que tenía un aspecto más parecido a una cárcel. Los colores eran apagados, la pintura se estaba cayendo. Él se sentía muy raro en su nueva casa de estudios, pero no tenía a dónde ir. Jonathan estaba solo en el patio. Se acercó a una chica de pelo castaño y ojos claros.
—Hola —dijo con miedo. No esperó a que contestara— ¿sabes dónde es el salón de primero?
—Hola, sí, yo soy de primero —afirmó.
—Entonces, ¿tú vas a ser mi compañera?
—No sé, ¿de qué grupo eres? —respondió Karina.
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—Sí, seremos compañeros.
—Bueno, me voy presentando. Soy Jonathan. ¿Y tú?
—Karina.
—Mucho gusto, Karina —quedaron viéndose por unos segundos— ¿me puedes presentar a los demás?
—Claro. Vamos.
—Vamos.
Karina tomó su muñeca y llevó a Jonathan hasta el salón. Cuando llegaron había varios niños por todo el salón.
—¡Hola! —gritó Karina.
Todos voltearon.
—Otro nuevo. ¿Quién es él? —dijo Tomás mirando a Jonathan con curiosidad. Tenía ojos cafés, piel bronceada, seguramente porque jugaba demasiado fútbol bajo el Sol, y su pelo, negro, desordenado. Su uniforme, un poco mal puesto.
—Tomás, no seas grosero, él es Jonathan Ramírez—regañó Karina.
—Hola Johnny —dijo el chico de nombre Tomás.
—Hola, ¿Tomás?
—Bienvenido al instituto. Ven, te voy a presentar a mis amigos.
Lo llevó con sus amigos que estaban hablando en susurro. Jonathan supuso que hablaban de él.
—Chicos, él es Jonathan. Es nuevo en la escuela.
—Sí, ya me di cuenta —dijo uno de ellos poniéndose frente a Jonathan— yo soy Carlos. Bienvenido al Instituto Justicia. Qué bueno tenerte aquí.
Jonathan sabía que lo deja con sarcasmo. Pero decidió seguir con la conversación.
—Gracias Carlos. Espero que nos hagamos amigos.
—No te hagas muchas expectativas.
Carlos se alejó y se sentó en un pupitre al otro lado del salón. Los otros siguieron hablando.
Empezaron a entrar todos los demás. La maestra era una señora mayor, llena de canas en el pelo pero con una presencia fuerte. La docente se presentó e hizo que se presentaran todos, como siempre en todas las escuelas. Jonathan se aprendió algunos nombres. Quería hablar con algunos y hacerse su amigo.
Empezó con Emmanuel. Él parecía buena persona. Cuando sonó el timbre, la maestra les dijo que todos agarraran su almuerzo. Jonathan agarró su lonchera negra, su mamá siempre mandaba comida muy buena, se dirigió a un chico.
—Hola.
—Hola —dijo el chico, interesado.
—Creo que ya oíste mi nombre, pero bueno, soy Jonathan.
—Mucho gusto. Yo soy…
—Emmanuel —interrumpió Jonathan— lo oí cuando te presentaste, ¿quieres salir a lonchar conmigo?
Hubo un silencio. Emmanuel no estaba seguro de salir. Se le notaba nervioso o preocupado por algo.
—Sí, si quiero —dijo con una sonrisa nerviosa después de algunos segundos.
—Gracias.
Salieron del salón y se sentaron en una banca. Jonathan abrió su lonchera y sacó un sándwich y bebió de su Capri-Sun. También traía pepino en un tóper, pero lo guardó para el segundo lonche.
—Y ¿cómo es la escuela? —preguntó Jonathan cortando el silencio.
—¿A qué te refieres? —dijo Emmanuel con la boca llena.
—Pues, el ambiente, las tareas, la profesora, la dirección. ¿Cómo es?
—Pues yo siento que es fácil. No dejan tantas tareas. La profe es buena, cuando quiere. En cuanto a lo otro, la directora es una monja, así que ya te imaginarás.
—Sí, me imagino —río Jonathan— ¿y el grupo?, ¿cómo dirías que es?
—Pues el grupo es muy separado. Están los grupitos de siempre. Los de fútbol, las populares, los estudiosos. Y finalmente en el que estoy yo. Que es como un intermedio.
—¿Y qué me dices de Tomás? Se ve un poco…
—¿Engreído? Si es un poco, es el más popular del salón. Es parte del grupo de futbol y obviamente es parte de los populares. No le hagas caso, es un tonto.
Jonathan vio la cara de Emmanuel pensando. Luego, una idea.
—¿Sabes qué? Ven conmigo. Vamos a conocer al grupo —dijo entusiasmado Emmanuel.
—Ok
Jonathan se paró de donde estaba sentado y camino con él. Los dos bajaron las escaleras, los demás estaban sentados en los escalones de hasta abajo. Estaban María, Karina, Alma y Pamela. Se había aprendido sus nombres cuando se presentaron. Jonathan sentía que era muy raro que se supiera los nombres de todos por solo oírlo una vez. Pero estaba muy emocionado.
—Jonathan —dijo Karina al verlo— qué bueno que vienes.
—Hola Karina. ¿Qué hacen?
—Nada, aquí en el chisme. Justo hablábamos de ti y de los nuevos.
—¿Me puedo quedar?
—Sí, siéntate y cuéntanos sobre tu otra escuela —Alma respondió.
Se sentó en un escalón de la escalera.
—Por cierto, yo soy…
—Alma, y tú eres María y tu Pamela, eres nueva también, ¿no? —dijo apuntando a cada una.
Se sorprendieron de que se supiera sus nombres. Jonathan repasó en su mente que podía decir.
—Sí, vengo del colegio Rojas.
—Bueno Jonathan, cuéntanos sobre su escuela —dijo María.
—Pues, estuve en mi antigua escuela por mucho tiempo desde kínder, fue un poco difícil dejar la escuela… pero me hizo bien, ya no quería estar ahí, me hacían mucho bullying por todo, sentía que todo lo que hacía estaba mal —pensó.
—Pero siempre es difícil —continuó hablando Jonathan— también estoy un poco feliz de estar aquí —se quitó una lágrima que salía de sus ojos antes de que todos se dieran cuenta.
—¿Y tenías amigos?
—Sí, tenía 2 amigas, pero ya no hablo mucho con ellas.
—Pues ya tienes nuevos amigos. Eres parte de nuestro grupito. ¿Todos están de acuerdo?
—Sí —contestaron todos al unísono.
—No era parte de nada en mi antigua escuela. Gracias.
—No hay de que —respondió Karina al instante.
—¿Y te gusta alguien? —pregunto Emmanuel.
—No, nunca me ha gustado nadie.
—A Emmanuel le gusta María —susurro Karina al oído de Jonathan.
Todos eran buenos con él. Siguieron hablando, pero unos minutos después María vio la hora en su reloj.
—Vamos, rápido —dijo preocupada María— ya van a tocar el timbre.
—María es la más estudiosa del grupo —dijo Karina al oído de Jonathan— pero vámonos. Tenemos inglés. Nueva maestra.
En su otra escuela le daban inglés. Jonathan había aprendido algunas cosas.
Subieron las escaleras para el salón de inglés. Sonó el timbre. Carlos y su grupito de niños subieron corriendo. Carlos empujó a Emmanuel, que al instante cayó al suelo.
—¿Estás bien Emma? —se preocupó Pamela al verlo en el suelo.
—Sí.
—¡Ten cuidado! —gritó enojada dirigida a Carlos
—Fue un accidente —excusó Carlos.
—Claro, un accidente.
—Carlos siempre le hace eso a Emmanuel —explicó Karina a los nuevos— bueno, a todos los que no sean sus amigos.
—Eres un idiota Carlos. Hijo de tú…
—Tranquila Pam. Ya estoy acostumbrado a que siempre haga eso.
Carlos siguió subiendo y llegó al salón. Ellos se quedaron a ayudar a Emmanuel. Entre los tres lo ayudaron a subir y entrar al salón. Llegando Jonathan lo sentó en su pupitre.
—Gracias —se alejó— gracias a los tres.
Pamela lanzó una mirada a Carlos como piedra, que todo el salón observó. La profesora se llamaba Lina. La maestra dio la bienvenida y se mostró muy buena con la clase. Varias horas después sonó el timbre de salida. Al salir, Jonathan corrió hacia Karina.
—¡Karina espérame! —gritó.
—¿Qué pasó?
—Nada, nos vemos mañana —disimuló el desmedido interés para no descubrirse.
—Jonathan —sonó el altavoz por donde anunciaban los nombres de salida.
—Me tengo que ir. Bye.
—¡Adiós! —gritó Karina viendo a Jonathan correr hacia su carro.
—¿Ya te hiciste amiga del nuevo? —preguntó la voz de una persona atrás de ella.
—¿Qué quieres, Alejandro? —preguntó enojada.
—Nada. No vine a molestarte. ¿Ya eres su amiga?
—Sí, soy amiga de Jonathan. Y, ¿dónde está tu grupito de seguidores?
—Mis amigos están en la tiendita.
—Bueno, si me disculpas, me voy. Mira tus amigos, ahí vienen, gran tiempo.
Karina se fue y se sentó en una banca a esperar que dijeran su nombre. Carlos y el grupito iban corriendo hacia Alejandro.
—¿Qué pasó con la Karina? —preguntó Carlos al llegar al lugar donde estaba Alejandro.
—Nada, le pregunté sobre el nuevo, el tal Jonathan. Solo me dijo que se hicieron amigos.
—Qué bien. Una nueva víctima. Nada más hay que investigarlo más. Hay que verlo de cerca, sus movimientos, sus debilidades, sus miedos. Y atacamos.
—Le haremos la vida imposible —afirmó Alejandro viendo a sus cómplices— mientras lo “vigilan” yo me haré cargo de algo.
—Y ¿tú no lo vas a “vigilar”? —preguntó Daniel.
—Claro que sí, pero no estoy en su salón. Óiganme bien zoquetes, no puede descubrir que lo estamos viendo —advirtió.
—Ok. Y acerca del otro asunto ¿Podemos saber de qué se trata?
—Después.
Querido Diario,
La verdad siento que esto es muy infantil, pero mi mamá dice que me puede ayudar a recordar en un futuro. Hoy fue mi primer día de clases. No sé cómo explicar cómo me siento de haber cambiado de escuela. Lo bueno es que no soy el único nuevo, hay una niña nueva llamada Pamela. Cuando salí de mi antigua escuela me sentí demasiado triste, pero ahora estoy feliz. Como sea, hoy conocí a algunos de mis compañeros, a Karina, Tomás, Emmanuel, Alma, Pamela y María. Espero que no se me esté olvidando alguno. Sentí una conexión con todos. Por cierto, Tomás me llamó Johnny. Ya me habían llamado así, nunca me gustó, pero por alguna razón cuando el me lo dijo fue diferente.
También descubrí que al parecer me va a tocar aguantar que Carlos nos molesté a mí y mis amigos. En fin, dejando a un lado eso, me está gustando mi nueva escuela. Veremos cómo va todo.
Jonathan.
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